JALAR MECATE... Laureano Márquez
Según Mariano Picón Salas, con el lema de “vivamos, callemos y aprovechemos” se consumieron varias generaciones de venezolanos. Se refiere al período gomecista, claro está. Lo trae a colación en un ensayo dedicado al estudio de la importancia de Doña Bárbara y del esfuerzo de Gallegos por romper el letargo de la sociedad pisoteada por el Benemérito.
En todo caso, da cierto consuelo de tontos que este “vivamos, callemos y aprovechemos” no sea propiedad exclusiva de nuestro tiempo. En Venezuela, esa modalidad de vida está siempre acompañada de lo que, criollamente, suele denominarse la “jaladera de mecate” o “jaladera de bola”.
El arte del jalabolismo tiene larga tradición entre nosotros, se cultiva especialmente en aquellos tiempos en los que todo el poder está en manos del pueblo, es decir, de un solo hombre que se hace llamar a sí mismo “pueblo”. La adulación suele ser representada como una mujer vestida de forma elegante, tocando una flauta (música grata a los oídos es la jalada) y rodeada de abejas aguijones en ristre, junto a un fuelle, simbolizando que se apaga la luz de la razón y se encienden las pasiones.
Aunque no lo parezca, adular se convierte en un refinado arte que requiere de tacto y moderación: Una lisonja excesiva puede ofender, una jalada feroz puede lastimar. Por ejemplo, si su jefe dice: “Esta mañana se me ocurrió una idea”, no debe salir usted, de una, a aplaudirle.
Lo razonable es conocer primero la idea y luego aplaudirla porque podrían responderle a uno, como en efecto le respondieron a alguien:
“Pero bueno, chico, cómo vas a aplaudir mi idea antes de que yo la diga, ¿tú eres brujo, acaso, para saber lo que yo estoy pensando?” No es difícil, pues, que el jalador caiga fácilmente en desgracia. Un episodio conocido es el de Nicolás Fouquet, consejero de Estado del rey Luis XIV.
Para la inauguración de su castillo en “Vaux-leVicomte”, este hombre preparó una cena, en honor al Rey, tan magnífica que hasta contrató al celebrado François Vatel (como decir Sumito Estevez, pero francés). La cena fue tan magnífica y la jalada tan espectacular que el Rey se ofendió y no habían hecho la digestión cuando ya Fouquet estaba preso.
Claro que hay que tener en cuenta que Fouquet le estaba jalando a alguien que ya había dicho de sí mismo: “El Estado soy yo”. Es que también hay jalantes osados. Será por situaciones como la descrita que el escritor Paul Ambroise Valéry: “Cuando alguien te lame las suelas de los zapatos, colócale el pie encima antes de que comience a morderte”.
Atención, pues, a lo que la historia aconseja en materia de jalada: moderación. Jaladores: No tenemos nada que perder –y menos las cadenas– y un mundo entero por jalar: jaladores del mundo… uníos.
Cadena perpetua... Laureano Márquez
A Vargas Llosa, lástima que no sepa leer ni escribir.
Sé que es de lo más aborrecible el decir “yo lo dije”, pero qué se va a hacer si uno lo dijo y, como afirmó en su momento Pilatos: “Quod scripsi, scripsi”, es decir, lo escrito, escrito está.
Y es que una de las características del humor es que siempre se adelanta a los acontecimientos. Lo que van a leer fue escrito en julio de 2003. Ante el anuncio de la cadena perpetua que nos hace esta semana cobra nueva actualidad.
Naturalmente, los nombres de los protagonistas han sido cambiados, fundamentalmente por culillo:
PROTAGONISTAS DE PAÍS:
Chacu “Cadena” Chacu.
En la madrugada, entre sueños, rumbo a una urgencia urinaria de esas que se presentan a golpe de tres de la mañana, uno pasa frente al televisor y lo enciende.
La cadena continúa: Hay movimiento, sospechoso cuchicheo y risitas en la primera cama de la patria. Una mano mueve la cámara y la dirige hacia el techo. Uno se queda dormido con la televisión encendida y cuando te despiertas, a las seis de la mañana, está ya Chacu duchándose en un espacioso baño. Una cámara lo toma en un ángulo que lo muestra de espaldas y de la cintura para arriba. Amaneció de buen humor y mientras se enjabona canta: Chacu: Qué triste se oye la lluvia en los techos de cartón. Arriba vive la mujer preñada, abajo está la ciudad que se pierde en su maraña. Qué triste vive mi gente en las casas de cartón…
Diez minutos más tarde, con la toalla ceñida a la cintura, le vemos cepillarse los dientes. Mientras coloca la crema en el cepillo, les habla a los niños: “Es importante cepillarse los dientes tres veces al día. Eso no lo decían antes. Lo que había a esta hora era que si Mingo, que si la Colomina, y ellos nunca dijeron que los dientes tienen que cepillarse regularmente (canta ahora a cámara con la boca llena de espuma): los dientes de arriba se cepillan hacia abajo, los dientes de abajo se cepillan hacia arriba y las muelitas debes limpiar con un movimiento circular”.
Quince minutos más tarde, vemos una mano que saca un traje del clóset. Asistimos a un diálogo en alta voz, con toda la intención de que el micrófono lo recoja: Voz en Off: Diosdado mío, ¡qué cantidad de ropa!… Sargento Perkins, venga acá…
Sargento Perkins: Mande, mi señor…
Voz en Off: ¿Qué hace este roperío loco aquí?
Sargento Perkins: Bueno, yo…
Voz en Off: Usted nada… (la mano saca los trajes y los lanza con ira sobra la cama)… Me sacas todo esto de aquí. Es más, los subastas en el mercado Guaicaipuro y las ganancias se la damos a la gente de La Bombilla…
A media mañana, la cámara muestra una escena extraña: Arcia C. está en el despacho principal; hablan bajito y mirando a la cámara. Salen de cuadro y la toma se mantiene fija sobre el despacho.
Entran quince minutos más tarde, sonreídos, y continúan la escena con fingida naturalidad:
Chacu: Entonces, Arcia C., ¿cuántas casas me dijiste que se iban a construir?
Arcia C.: Trescientas mil.
Chacu: ¿Trescientas mil?… ¿A cómo sale cada casa?
Arcia C.: Terminada… seis millones.
Chacu: Seis millones (toma nota). Déjame ver (abre una gaveta) que creo que por aquí me quedan unos seiscientos mil millardos que sobraron de un ahorro que hicimos el otro día de unos situados…
Toma, construye cien mil más…
Arcia C.: Gracias, Jefe…
Asistimos en vivo al almuerzo, durante el cual el jefe nos habla de una dieta balanceada, rica en proteínas y baja en carbohidratos. Termina el almuerzo con unas conservitas de coco y él dicta la receta de la abuela. En generador de caracteres, aparecen los ingredientes.
A media tarde, lo encontramos hablando por teléfono en la limosina:
Chacu: ¿Aló? ¿Lula? ¿Qué mais? ¿Cómo está la vaina? ¿Qué estás haciendo? ¿Presentando mensaje al Congreso? Te quito un ratico nada más… Voy el jueves para allá a reunirme con los sin tierra, tenemos que resolver ese problema…
Transcurre la tarde con un acto indígena en el Teatro Municipal y un encuentro latinoamericano en Parque Central. Cercano a la media noche, antes de dormirnos, le vemos hablar con Fidel: “¿Aló?, Fidel… ¿cómo sigues?, ¿te estás tomando las medicinas? Ten cuidado con la tensión… Te voy a mandar unas pencas de sábila en el camastrón. Hasta mañana, ¡bendición! El jefe se duerme y los ciudadanos tenemos pesadillas. Es él, que en cadena telepática, nos impone sus sueños.
Lo dicho: Quod scripsi, scripsi, por tal razón, yo me lavo las manos como Pilatos lavó las de él.
ALGO HICIMOS MAL...Palabras del presidente Óscar Arias en la Cumbre de las Américas Trinidad y Tobago. Abril de 2009
Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas.
Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros.
No creo que eso sea del todo justo.
No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.
Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda... y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.
También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir "una Ciudad sobre una Colina", una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.
Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur -en cuestión de 35 ó 40 años- es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.
¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal.
Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos.
Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos.
De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.
Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano.
Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.
En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo -en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día- y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.
Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro?
El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.
Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió.
Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos.
Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los "ismos" (¿cuál es el mejor?) capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un "ismo" muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo.
Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: "Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones" .
Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que " la verdad es que enriquecerse es glorioso ". Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.
La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años.
Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.
Muchas gracias.
Ignorancia Presidencial... Charito Rojas
“Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda”. Martin Luther King (1929-1968) Religioso estadounidense, premio Nóbel de la Paz, líder de un movimiento defensor de los derechos fundamentales.
Ya se ha hecho habitual que escriba estas líneas con la voz de Hugo Chávez al fondo, en una de sus larguísimas y abusivas cadenas plenas de aplausos, de emociones patrioteras y de fanatismo ideológico,pero en las cuales no se ofrece una sola solución a nuestros graves problemas de inseguridad, de salud, de economía, de educación. El Presidente no está enterado de que a los venezolanos, chavistas o no, los matan en las calles para quitarles un celular o un par de zapatos. Que el sicariato está de moda. Que los secuestros express proliferan, empobreciendo a la clase media. Que mueren de mengua en las emergencias de hospitales abandonados. Que las carreteras están vueltas leña. Que nuestros jóvenes caen por centenares en balaceras de barrio. Que las escuelas públicas no tienen baños, que los vándalos roban las computadoras de los liceos. Que hay que levantarse de madrugada para ir a trabajar, tomando autobuses donde los pobres son asaltados para quitarles la paga de un día de trabajo o un celular de 40 bolívares. El Presidente ignora completamente a la clase media, a los angustiados pequeños propietarios, a esos que trabajan para vivir decentemente, a quienes quieren que sus hijos sean ciudadanos de un mundo civilizado y no monos de un cuartel.
Allí está, con la arenga de siempre, ésa que nos sabemos de memoria. Los mismos calificativos, la misma historia torcida. El merece la jauría que le rodea, la que persigue a Rosales por todos los medios judiciales, sin dejarle duda al mundo de por qué se asiló el alcalde maracucho. Para él todos los venezolanos que no comparten su primitivo modo de gobernar, digno de Ezequiel de Zamora y nunca de Simón Bolívar, están condenados al despojo, a la cárcel, al exilio y hasta a la muerte. Sólo se oye a sí mismo, a la olla de grillos que le zumba dentro de la cabeza. Y por supuesto, a su padre Fidel, a ese asesino de un pueblo de quien Dios no ha tenido piedad, para que viva bastante y sufra la intensidad de su enfermedad y de su vejez.
Qué lástima que Chávez sólo fue a Trinidad a hacer su show con Obama y no escuchó las sabias palabras del Presidente de Costa Rica, el Premio Nóbel de la Paz, Oscar Arias, en un discurso que comenzó comentando que siempre se iba a esas Cumbres a pelear o a reconciliarse con Estados Unidos. Y que Estados Unidos no tenía la culpa de lo que era Latinoamérica, porque somos nosotros quienes hemos hecho algo mal. Quisiera compartir parte de ese corto discurso que pronunció Arias y que ojala alguno de los Presidentes presentes haya escuchado con atención:
“¿no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados? Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergöenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.
Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo…), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo. Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones”. Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.
La buena noticia es que esto lo logró Deng Xiaoping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer”.
¿Lo escucharía Chávez? ¿Lo entendería Evo? ¿Estaría sobrio Ortega? En pocas líneas, Arias retrató la tragedia que vive actualmente Latinoamérica: un retroceso dramático a los años 60, a ideologías superadas, a sistemas económicos comprobadamente fracasados y unos líderes alimentando con palabrería populista a pueblos hambrientos, mientras sus cómplices medran en las arcas nacionales. Estamos viendo la antesala de las verdaderas revoluciones. Esas en las que un pueblo harto acaba con todo. Está anunciado. Periodistas y demócratas lo hemos dicho. Quien quiera que lo escuche. Mientras tanto, aquél sigue hablando.
Hasta el próximo miércoles.
AQUÍ ENTRE NOS
* La Iglesia venezolana aprieta las tuercas de la disciplina a los sacerdotes que cuestionaron la autoridad del Obispo de Puerto Cabello, Monseñor Ramón Viloria, quien se negó a convertir el acto de Bendición del Mar, que se celebra desde hace 147 años, en un conflicto político con el alcalde chavista Rafael Lacava. Mientras los sacerdotes de la Diócesis acompañaron al Obispo en la Catedral a la ceremonia, el alcalde realizó por su cuenta el acto religioso de la Bendición del Mar, con el apoyo de tres sacerdotes importados: Edmundo Cadenas, capellán de la Universidad Católica Santa Rosa, cuyas autoridades, sacerdotes en rebeldía, usurpan esa propiedad de la Iglesia Católica venezolana. Cadenas es el mismo sacerdote que recibió a Hugo Chávez en el estadio de Boconó en el año 2000, el mismo que apareció en el Aló Presidente N 261 bendiciendo a Chávez y proclamándolo “heredero del espíritu del Libertador”. Los otros dos sacerdotes, Máximo Ochoa, de la Parroquia La Pastora de Caracas y José Luís Salessi, capellán del Comando de Seguridad Vial del estado Yaracuy, concelebraron la eucaristía a bordo de una gabarra ubicada frente a los feligreses. Ellos rechazaron ese día que la Iglesia pudiese sancionarlos por afrentar la autoridad del obispo porteño. Ahora, el mismo Monseñor Viloria anunció la medida de “suspensión canónica” para los tres presbíteros. Esta suspensión implica la prohibición de ejercer el ministerio sacerdotal y fundamentalmente los despoja de sus derechos como sacerdotes pero no de sus deberes. Junto con el “entredicho” y la “excomunión”, la suspensión canónica (sólo aplicable a sacerdotes) es una de las tres graves penas con que el Derecho Canónico castigas las infracciones. La sanción sólo les será levantada a estos tres sacerdotes, de conocida simpatía revolucionaria, cuando “hagan pública una confesión de su adhesión a la unidad de la Iglesia y resarzan el daño que hayan podido causar a la feligresía de la Iglesia Diocesana”. El siguiente en la lista es Adolfo Rojas, el cura que oficia las misas del 4 de febrero con casulla roja y obliga a los presentes a hacer juramentos de fidelidad a Chávez ante un crucifijo. La Diócesis de Barquisimeto, a la que pertenece, estudia su caso.
*Pero la Iglesia no la tiene fácil con esta ebullición de curas rojos, brotes jurásicos de la teoría de la liberación de los años 70 que tanto daño hizo a la unidad católica. Ejemplo de esto es el Presidente de Paraguay, Monseñor Fernando Armindo Lugo Méndez, de 57 años, perteneciente a la congregación de los misioneros del Verbo Divino, quien renunció en 2005 como obispo de la diócesis de San Pedro, adquiriendo así el título de obispo Emérito. Sin embargo, la Iglesia le advirtió que podía renunciar al cargo pero no lanzarse a la carrera política y se le indicó que sus inquietudes sociales debía canalizarlas a través de la acción pastoral y no precisamente por la vía electoral. Al desobedecer la indicación, el Vaticano se vio obligado a suspender canónicamente a Monseñor Lugo, pero aunque no pueda ejercer el sacerdocio, él sigue siendo consagrado y sus votos están intactos, por lo tanto su conducta promiscua antes y después de dejar el Obispado de San Pedro, es motivo de excomunión, lo cual podría ser posible en los próximos días. Su irrespeto grosero hacia su sagrada investidura, sembrando hijos de manera irresponsable (dicen en Paraguay que podrían ser hasta 9 los hijos del ex Obispo), violentando sus votos y su Iglesia, está dando a los paraguayos la medida de la moral y los valores de su Presidente.
*Como un hecho insólito, aparece en el blog de la cubana Yoani Sánchez ( Premio Ortega y Gasset 2008 de Periodismo Digital), la realización de un cacerolazo este viernes 1 de mayo a las 8,30 de la noche en La Habana, para protestar la prohibición de entrar y salir de la isla cuando se quiera, de viajar, de circular libremente. No sabemos si la dictadura castrista permitirá tal gesto de rebeldía pero el simple anuncio ha corrido como pólvora entre los cubanos, ansiosos de expresión. Sin embargo, para ese mismo día el régimen ha convocado una gran marcha a la cual asistirán obligatoriamente desde escolares hasta trabajadores, todos ellos dependientes del gobierno, por lo tanto esclavos de los Castro. Marcharán según dice su proclama, por la Patria. Y la “invitación” termina con la cínica frase “¡Viva Cuba Libre!”. A mirarse en este terrorífico espejo, venezolanos.
* Con motivo del Día de la Tierra, nuestra lectora Diana de Martín escribe: “Expreso mi preocupación por el estado de los árboles de nuestras avenidas. Cuando vengo por mi vía habitual (la autopista zona industrial- Puerto Cabello) los pocos árboles que quedan están llenos de parásitos (tiñas, guatepajaritos, etc.). Como es sabido, estos parásitos, se nutren de la savia y hasta que el árbol no se muere no lo dejan tranquilo. Me gustaría que nos ayudaran a emprender una campaña para que los organismos competentes actúen, comiencen una poda fitosanitaria y salvemos los árboles que todavía quedan. En mi próximo recorrido, contaré los árboles muertos (pudieron ser salvados con una simple poda) y los que aún pueden ser rescatados. Es una lástima como el ambiente (a todo nivel) se ha degradado y nuestra indiferencia lo ha permitido”. Y agrego, la temperatura en Valencia se ha elevado casi tres grados en los últimos dos años, con las podas indiscriminadas de árboles en la Av. Bolívar por parte del Metro, por el arrase de zonas verdes para construir en este caos urbano. La vegetación y las laderas de las colinas circundantes de Valencia son destruidas sistemáticamente y el Instituto Municipal del Ambiente no sabemos siquiera si todavía existe. Pronto Valencia se parecerá a un peladero de chivos, pura tierra y sol.
Barack Obama: Los sueños de mi padre. Una historia de raza y herencia
La historia de Los sueños de mi padre es la historia de las vidas –en plural– de Barack Obama. En primer lugar, es el relato de su vida real, la que vivió con su madre, su padrastro y sus abuelos maternos. En segundo lugar, es la historia de la vida imaginada por Obama, una vida paradójicamente marcada por la única figura ausente en ella y, sin embargo, presente a lo largo de todo el libro: su padre biológico
La parte inicial del libro llama la atención por la frescura y la viveza del relato, por la extraordinaria naturalidad con la que Obama da cuenta de episodios delicados y comprometidos. Me refiero concretamente a la comentada anécdota en la que Obama nos cuenta sus experiencias de juventud con las drogas y el alcohol
